Pasiones, calvarios y pascuas

El Domingo de Ramos en Alba de Tormes se procede al remate de los pasos en la plaza mayor y en Navales se celebra El Cabildo , con un cambio en la mayordomía y el convite de vino y pan. Los días más intensos de la Semana Santa son el jueves y el viernes. Aún, pero cada vez menos, se celebra en la eucaristía del Jueves Santo el lavatorio de pies. Sí se mantiene, en cambio, el monumento. El monumento de la Semana Santa, que en algunos templos españoles (la catedral de Sevilla, por ejemplo) cuenta con muestras de creación artística notables y específicamente ejecutadas para ese fin, en la provincia de Salamanca, y en general en la mayor parte de las iglesias de España se limita a una arquitectura efímera (de uso exclusivo el jueves, viernes y sábado santos), para alojar el Santísimo y que ofrecen una enorme variedad de formas a través de las cuales desciframos diferentes conceptos en la estética y la decoración populares, formas distintas de guarda y custodia que la tradición de cada localidad establece para las personas, su indumentaria en ocasiones, y sus actitudes. Se mantiene en la ciudad, un tanto desvaída, la tradición de visitar siete monumentos en otras tantas iglesias el viernes santo. Asegura Fèlix Xunclà que “antes de establecerse en el siglo XIV la práctica de este monumento, existía la costumbre de guardar pequeños fragmentos del cirio pascual, a los que se atribuía la virtud de preservar de los huracanes, las tempestades y los ataques de toda clase de enemigos, como refieren los elogios del cirio pascual compuestos por Enno di Pavía en el siglo VI.” Pues bien, ha existido en la tradición salmantina una fosilización de estas creencias antiguas, conservándose hasta bien avanzado el siglo XX, asociando a las velas del tenebrario que alumbran el monumento de la Semana Santa (en ocasiones la creencia sólo se aplica a la vela Pastora o al cabo Tinieblas ) virtud protectora contra el nu- blado y los rayos. Recuerdo, incluso, que en Valero nos comentaron a comienzos de los años 80 que la vela Pastora se empleaba para localizar ahogados en el río, dejándola encendida de manera vertical en la corriente, donde flotaba y no se apagaba; se detenía finalmente en el lugar que se encontraba el cuerpo del ahogado. El rictus mágico con que nos mira la Semana Santa tradicional salmantina está plagado de guiños. A los de los ramos del Domingo de Ramos y las velas del monumento, se suman algunas virtudes del Viernes Santo, durante el tiempo santo de los oficios : se recogían piedrecitas del suelo que se guardaban para ser arrojadas a los tejados y proteger la casa de la caída del rayo, en caso de tormenta, y también se le atrbuía la gracia de ser saludador (curandero especializado en tratar la hidrofobia) a quien nacía en ese momento. En aquel lejano inventario y disección de los oficios de la magia que realicé en 1992, des- cubrí que la Semana Santa poseía rango de territorio sagrado, plagado de hierofanías y particularmente propicio para el adobo de creencias antitéticas que cohabitaban sin conflictos interiores en lo más hondo de la mentalidad tradicional. La tarde del viernes confluyen por toda la geografía salmantina procesiones del Santo Entierro, Vía- crucis, Pasiones dramatizadas por los vecinos, Vírgenes de la Soledad inconsolables acompañadas en el solidario velatorio de la media noche… A veces, la imaginería popular roza lo grotesto y desvía la aten- ción hacia personajes de segunda en una pasión reinventada, como el Juítas en la Alberca. El antisemi- tismo tradicional se manifiesta en el ritual infantil de colgar y quemar el Judas en Sotoserrano. El sábado es casi un paréntesis hasta la solemnidad del Domingo de Resurrección. La muerte es derrotada, el luto de la madre abandonado. Madre e Hijo frente a frente, al cabo de las procesiones del Encuentro. En Ledesma asistimos a un ejercicio de habilidad y equilibrio. El niño de Pascua que sale en algunas procesiones representa el triunfo sobre la muerte del Dios-hombre. La Virgen recupera el manto blanco (“Quita el manto de dolor y ponte el de la alegría…”) …9…

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