Pasiones, calvarios y pascuas

La nostalgia de lo mágico que Luis Maldonado apreciaba en la religiosidad popular española alcanza práctica- mente todo el orbe de liturgias religio- sas y profanas de tipo tradicional que clausuran el invierno e introducen la primavera en la provincia de Salamanca. La presencia de lo ma- ravilloso en las devociones populares y en los rituales asociados a su culto, así como en otras formas cultuales estrictamente profanas, proporciona una dimensión inmaterial, intangible, que no es fácil deducir de la mera observación de las manifestaciones festivas que aquí se contemplan. El invierno es a la tradición festiva lo que el medievo a la mentalidad y el pensamiento occidenta- les: un túnel de paso obligado, sometido a un oscurantismo de temores escatológicos que se resuel- ven por la vía de una espiritualidad popular (aleación compleja de religión y magia), sustentada sobre obsesiones trágicas y fúnebres, que a duras penas ayudan al hombre a subsistir en un contexto espi- ritual y cultural tan hostil. Nuestra cultura, dudosamente cristianizada, como ya sospechara Richard Wrigth tras su experien- cia personal de la España pagana de los años cincuenta del siglo XX, incorpora el buque insignia de un Cristo “siempre en su papel trágico”, como certeramente observaba el poeta portugués hispánico amigo de Unamuno, Abilio Guerra Junqueiro, a una morfología compleja de creencias y manifestaciones culturales en la transición del invierno a la primavera. Ese Cristo trágico adquiere así la condición de instrumento de la iniciación estacional. Las miradas que aquí se congelan a partir de un ritualismo ecléctico, tan común en nuestra pro- vincia, pese a ser sólo una mera representación de un caudal mucho más abundante de celebraciones en todas las comarcas salmantinas sin excepción, denotan una diversidad y al mismo tiempo un clamor común: el de un pueblo, el salmantino, de identidades múltiples, entregado a la fiesta en su más dramática manifestación, que es la que ha materializado en las celebraciones de la pasión y muerte del Dios hecho hombre (deidad esencial de una cultura cristianizada, como la nuestra). El su- frimiento, la agonía hasta el último aliento de un Cristo desasistido aparentemente de la resurrección redentora, evidencian su papel protagonista en la mayor parte de las formas aquí representadas, como si el pueblo hubiese elegido su propia condena a una muerte sin salvación posible. Desde el final de la cuaresma, discurriendo por la Semana Santa, con el triunfo del gran ceremonial fúnebre del viernes santo, hasta la irrupción en la primavera con los días merenderos de la Pascua y su octava, podemos contemplar una sucesión de fotogramas que construyen una narración visual de lo que hoy, comienzos del siglo XXI, la provincia de Salamanca siente y expresa públicamente sin pre- juicios, como parte de una identidad tradicional colectiva aferrada a las raíces de una espiritualidad particular e irrenunciable. Son veinticinco las localidades de la provincia aquí expuestas en sus devociones y cinco los fotó- grafos –a los que me he atrevido a sumarme– , que han capturado con el movimiento de un índice los instantes mostrados: José Ángel Barbero (Salamanca, Fuenterroble de Salvatierra y Los Santos), Mi- guel Corral (Buenamadre, Lumbrales, Villarino de los Aires, Vitigudino y Yecla de Yeltes), Ángel García (Alaraz, Alba de Tormes, Macotera, Navales, Peñaranda de Bracamonte y Villoria), Roberto García (La Alberca, Béjar, Casas del Conde, Endrinal de la Sierra, Mogarraz, Serradilla del Arroyo y Sotoserrano) Adrián Martín (Ciudad Rodrigo) y yo mismo (Aldehuela de Yeltes, Ledesma y Pedrosillo de los Aires). …7… Pasiones, calvarios y pascuas en la provincia de Salamanca A la memoria de José Amalio Díez, que también creyó en este proyecto

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